El pasado sábado 25 de enero, el pintor cubano Carlos Luna se dio cita en la galería de arte del Complejo Cultural Universitario (CCU) de la BUAP, donde se encuentra instalada su exposición “Entre ósmosis y fusión”, para ofrecer un recorrido en torno a las 74 piezas que dan cuenta de su trayectoria de más de tres décadas.
En el evento estuvieron presentes seguidores de su obra y artistas plásticos de todas las generaciones, incluido el también pintor José Lazcarro, con quien Carlos ha tenido una amistad desde su llegada a México en los años 90.
Durante el recorrido por los pasillos de la galería de arte, que por primera vez conjunta piezas de colecciones de ciudades como Tokio, Berlín, Londres, Milán, Barcelona y Los Ángeles, Carlos Luna recordó con afecto su llegada a territorio mexicano en 1991.
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“Lo mejor que le ha pasado a mi vida y a mi carrera fue llegar a Puebla”, expresó Carlos Luna: “fue el lugar donde yo me sentí libre, Puebla es mi casa, el único lugar del planeta donde tengo a la mayor parte de mis amigos. Yo no soy mexicano, soy poblano, y después soy mexicano”.

El mosaico bizantino fue una de las primeras estaciones donde el pintor se detuvo a explicar el complejo proceso de elaboración de esta técnica: se comienza por el dibujo de bocetos por cada sección de la superficie; posteriormente se crean los ritmos adecuados, una especie de juego con la colorimetría de los cristales; y finalmente se pasa a la manipulación del material, cuyo principal reto es mantener las manos intactas de cortes por el filo de las piezas.
Frente al grupo de personas que lo acompañaron la tarde de sábado, Luna se definió como “un hombre de palabra, disciplina y persistencia (…) Todo hombre nace libre, pero pocos decidimos ser”, y es precisamente esa libertad la que lo ha llevado a plantearse importantes desafíos, como su futura exhibición exclusivamente de mosaico bizantino, en la que se propuso salirse del formato cuadrado e ir más allá.
A sus 24 años, Luna debutó con su primera exposición en un museo: fue el Museo Amparo el sitio que le abrió las puertas y en el que logró reunir alrededor de mil personas en la inauguración de su exhibición, algo sin precedentes en la entonces corta historia del recinto.
Sin embargo, el artista plástico trajo a su memoria que no fue un camino fácil. La devaluación del peso durante el gobierno de Carlos Salinas derivó en un recorte al presupuesto de los museos, ante lo que tuvo que pedir el apoyo del entonces gobernador Manuel Bartlett para financiar la publicación de un libro que acompañaría sus inicios en las salas de exhibición.

El pintor y formador de artistas José Lazcarro fue el invitado de honor en el evento. Ambos artistas compartieron una amistad desde la llegada de Carlos a Puebla, que se vio pausada a la partida de este último a la ciudad de Miami en 2002. Su reencuentro quedó sellado por un abrazo pendiente por tantos años en los que el maestro de 84 años siguió su metamorfosis artística a la distancia.
🎨👨🎨🖼 Tras varios años, el pasado 25 de enero, el artista Carlos Luna y el pintor poblano @JoseLazcarro se reencontraron en la galería de arte del @CCUBUAP durante un recorrido por la exposición 'Entre Ósmosis y Fusión' del pintor cubano. pic.twitter.com/mpljMnWjRv
— PeriodiCASO (@periodicaso_) February 1, 2025
La evolución artística de Carlos Luna a través de “Ósmosis y fusión”
El título que da nombre a la exposición de Carlos Luna responde en parte a la capacidad que el cubano ha tenido para absorber elementos de los lugares en los que ha estado, y la forma en que los ha fusionado a su iconografía, tal como lo ilustra su trabajo en papel amate y talavera, dos técnicas que, además de ser representativas de Puebla, se caracterizan por ser materiales complejos de manipular.
“Con el papel amate se toman riesgos que no podrás rehacer en la pieza, requiere precisión”, reconoció Luna en una de las salas con muros cubiertos por obras de dicho material.
Por otra parte, el artista descubrió la talavera poblana en 1993 de la mano del maestro José Luis Cuevas en uno de los talleres de la fábrica Uriarte. Fue él quien reconoció que el estilo de Luna era ideal para plasmarse en este material representativo de la tradición poblana.
A partir de entonces, el artista ha producido un sinfín de ejemplares de platos. Por primera y quizá por única ocasión, algunos de ellos se han reunido en uno de los muros de la galería de arte del CCU.

Estas piezas de talavera en blanco y negro, algunas recién salidas del taller y otras con ya algunos años de existencia, han sido bien recibidas por los coleccionistas norteamericanos y europeos, quienes han acaparado el repertorio, lo que había impedido mostrarlas en Puebla. Fue gracias al trabajo logístico de su hijo Cristóbal que ahora se ha logrado reunirlas y han surgido propuestas serias de llevarlas al viejo continente.
Son vastas las referencias visuales que Carlos Luna ha recolectado y plasmado en sus más de treinta años de carrera. Una de ellas remite a “La Catrina” de José Guadalupe Posada, que ha inspirado algunos de sus cuadros. De igual forma, él ha sido uno de los pocos artistas de la isla caribeña en desmitificar la figura de Fidel Castro en sus trabajos, lo que le costó el exilio de su país natal.
“Desacredité la imagen de Castro y por eso la pagué caro, pero mientras viva me enfocaré en contar la historia”, declaró con orgullo el pintor.
Hacia el final de su recorrido, llegó el momento de explorar sus obras más íntimas, las que en sus palabras son “un homenaje a su proceso migratorio y a todos los que se han visto obligados a emigrar”.
Esta serie de óleos, además de ser un testimonio ideológico donde fusiona las figuras de José Martí y Antonio Maceo, reconocidos revolucionarios cubanos, también significa el retorno a sus raíces familiares, un homenaje a sus ancestros y un legado para sus hijos.
Entre los sueños de Carlos está la adquisición de un espacio propio para resguardar su obra, que hasta la fecha cuenta con alrededor de 3 mil piezas, para que pueda ser disfrutada por el público general. Asimismo, el pintor contó que se seguirá enfocando en la colocación de esculturas en plazas públicas para permitir el libre acceso al arte en las calles.
Pero su anhelo principal, confesó, es “poder besar de nuevo a mi padre, está en Cuba y el gobierno no me deja entrar”.
La exposición “Entre ósmosis y fusión” podrá ser visitada hasta el 23 de febrero de 2025 en la galería de arte del Complejo Cultural Universitario.





