Alejandra Rajal: de cómo capturar el instante

Contiene fuego en sus manos, una lente

que fusiona los tres horizontes del tiempo.

Sylvia Plath

La historia de Alejandra Rajal es la de una niña que nace en la ciudad de Puebla, que hojea revistas en su infancia mientras anhela recorrer el mundo y tomar fotografías. Sin saberlo, aquello conjuró su futuro: ahora es una fotógrafa que oscila entre lo documental y lo conceptual, que ve al horizonte con valentía y franqueza.

Amanecer de una mirada

De niña, Ale Rajal pasaba las hojas de las revistas Life o National Geographic y sus fotografías se le colaban por los ojos mientras ella se maravillaba por la vastedad del mundo. Le impresionaba que hubiera personas que viajaran para capturar y mostrar esos paisajes, esas experiencias, esas personas. Y lo mejor: ¡que vivieran de ello!

La fotografía empezó a crecer en su interior, alimentada de la música que su madre le ponía, de los libros que le compraban, de la pintura que hacía su abuelo. Aunque ella siempre supo que quería hacer algo relacionado con el arte, pintaba mucho durante su infancia y le fascina la belleza que encontraba en las cosas, faltaban algunos años para que supiera cuál era el camino.

“En el momento en el que pude tomar una cámara y ver lo que era capaz de hacer con ella, me encantó. Eso fue ya en mi segundo semestre de la universidad, cuando tuve mi primera materia de fotografía. Me encantaba tener que estar tomando fotos, crear el concepto”, cuenta Ale con la mirada brillante.

Alejandra Rajal estudió Publicidad en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y fue hasta un intercambio de estudios en Inglaterra, entre los años 2011 y 2012, cuando pudo comprar su primera cámara fotográfica profesional. Antes, solo había tenido en sus manos una sencilla Kodak 110 milímetros, con la que tomaba los recuerdos familiares, y una cámara digital sencilla para la escuela.

“Ahí fue cuando dije: quiero ser fotógrafa. Sí me hubiera gustado saberlo antes, pero, bueno, las circunstancias de la vida de cada quien son diferentes, por algo pasa. De hecho, mi carrera la empecé tarde, a los 27 o 28 años”, narra.

Autorretrato de Alejandra Rajal, parte de su proyecto ‘Intermitente (diario de la cuarentena)’. Foto: Cortesía Alejandra Rajal

Alejandra había elegido la fotografía, pero tuvo que trabajar de muchas otras cosas para ahorrar y comprar más equipo. Luego, debió salir a las calles a capturar imágenes y reunir el valor para que alguien más viera su trabajo. El momento llegó en 2016, cuando fue a una revisión de portafolios con Natalie Keyssar, una de las fotógrafas que le inspiran. El fotógrafo Brett Gundlock la invitó a un taller que daría en Oaxaca para la temporada del Día de Muertos. Tenía “buen ojo”, le dijo.

Así, en pocos días planeó el viaje que la llevaría a encontrar su propia mirada.

El sueño que madura

Algunas de las fotografías que Alejandra compartió con Natalie y Brett en 2016 retrataban la procesión religiosa de Viernes Santo que se organiza en Puebla de forma ininterrumpida desde hace más de quinientos años. Algo que ha aprendido con los años es que hacer fotografía documental se trata de contar una historia, hablar con la gente en diferentes momentos, conocerla, y retratarla de forma franca.

“De repente creas unas conexiones bien profundas con personas que nunca has visto y tienen esos votos de confianza, están confiando en mí”, dice Ale Rajal. “Es un reto, porque la fotografía documental es algo muy instantáneo […] Al final, es algo muy crudo, muy natural, y eso me encanta de la fotografía”.

Así, durante años siguió al grupo de “Los Nazarenos”, quienes cargan la imagen de Jesús de Nazareth durante la centenaria procesión, y publicó una seria fotográfica en 2019 en la revista Natgeo, como un sueño para aquella niña que antaño coleccionaba revistas para verlas una y otra vez.

A pesar de que todos los retratados eran hombres que formaban parte de un grupo bastante conservador, Alejandra no sintió que ser mujer fuera un obstáculo durante la realización del proyecto de los Nazarenos. Sin embargo, cuando comenzó a explorar el tema de las sustancias psicotrópicas, esto sí ocurrió. “Ha sido una lucha. Yo, que, por ejemplo, he trabajado mucho el tema de drogas, en lo primero que piensa la gente es violencia, y lo primero que hacían muchos editores era como: no, mejor hay que enviar un hombre”, confiesa.

Fotografía de Alejandra Rajal de la muestra ‘DPV (Drogas-Políticas-Violencias): La Guerra Fallida’. Foto: Cortesía Centro de la Imagen

La fotografía, como muchas otras artes, ha tenido una predominancia masculina. De acuerdo con datos del World Press Photo, premio de fotoperiodismo iniciado en 1955, en 2015 un 15% de las participantes fueron mujeres, y para 2023 este porcentaje pasó a 21.5. Sin embargo, hasta 2022 solo había cuatro ganadoras mujeres. En cuanto a los participantes, 46.7% procede de Europa. Por otro lado, del total de premios de la Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen, 32.2% ha sido para mujeres, mientras que 31.8% de los jurados ha sido femenino.

Con el paso de los años, a Ale Rajal dejó de importarle que los editores sugirieran que hombres hicieran las coberturas que a ella le interesaban: “aprendí que no era probarme a los demás, sino era probarme a mí misma”. Tomó también el ejemplo de muchas otras colegas, como la boliviana Sara Aliaga, la franco-peruana Florence Goupil, la filipina Hannah Reyes Morales o la fotógrafa rusa Diana Markosian. Las escritoras Virginia Woolf, Sylvia Plath y Mónica Ojeda también la han inspirado.

En el transcurso de su carrera, Alejandra ha indagado, a través de la fotografía, en torno a cómo las personas se relacionan con diferentes sustancias, más allá de la criminalización, el narcotráfico y la violencia. Empezó con la lucha por la legalización de la mariguana en Ciudad de México, el consumo de fentanilo, y los psicotrópicos que forman parte de la medicina tradicional en México, como los hongos y el peyote.

“Un tema que jamás creí que me iba a interesar tanto, y justo volviendo al destino, es la política de drogas, (que) ha sido un tema en el que me he especializado”, explica Ale con el asombro manifestándose en su rostro. Gracias a ello, en 2019 obtuvo la beca del Fondo para investigaciones y nuevas narrativas sobre drogas, de la Fundación Gabo.

Fotografía de Alejandra Rajal de la muestra ‘DPV (Drogas-Políticas-Violencias): La Guerra Fallida’. Foto: Cortesía Centro de la Imagen

La idea fue avanzando, añejándose. En 2021, Ale participó con varias imágenes sobre la despenalización del cannabis en la muestra DPV (Drogas-Políticas-Violencias): La Guerra Fallida, en el Centro de la Imagen, de la cual también se creó un cuadernillo. Después, dejó reposar el proyecto, que devino en una fotorreflexión llamada “El futuro es verde”, una serie con imágenes de bodegones coloridos en los que se mezcla el verde de la mariguana con flores de colores. Con esta serie, Alejandra participó en la XX Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen, en 2023.

Alejandra sabe cuán importante es diversificar las miradas en la fotografía, porque, a pesar de que “nuestro mundo es muy diverso, por mucho tiempo se le dio más visibilización a un grupo en específico […] hasta hace algunos años todavía se le daba mucho peso a la mirada masculina”.

Natalia Campo Castro, profesora de la Universidad Autónoma de Occidente, en Cali, Colombia, señala, en su artículo Fotografía y enfoques de género: aproximaciones teóricas para construir miradas de mujeres, que la mirada hegemónica se refiere a cómo los hombres han enseñado la fotografía y desarrollado sus técnicas y géneros, pero sobre todo la impronta y el control de dicha actividad. Mientras tanto, “las mujeres en la fotografía (tanto como su trabajo) han sido invisibilizadas y objetualizadas”.

“Las fotógrafas poco a poco, y de manera sistemática, han generado estrategias para pasar de objeto de la imagen a sujetas creadoras de ella, es decir, a reeducar las miradas a partir de asumir la resistencia política y cultural ante la mirada hegemónica”, escribe la académica.

Imágen del proyecto ‘El futuro es verde’, con el cual Ale Rajal participó en la XX Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen en 2023. Foto: Cortesía Centro de la Imagen

Posibilidades en expansión

El consumo de sustancias es uno de los muchos temas por los que Alejandra Rajal ha transitado. A la fotógrafa también le atrae explorar aquello que hable sobre las relaciones entre las personas y la naturaleza. Con imágenes sobre migración, participó en la exposición organizada por Distrito Tec y la Fundación FEMSA. Además, su trabajo La ola cambiante (The Changing Wave), financiado por Fujifilm, abordó el impacto del cambio climático en familias y comunidades de Mahahual, Quintana Roo.

Corazón lacustre (Lacustrine Heart), por otra parte, explora la pérdida de lagos y agua dulce en la Ciudad de México, lo cual impacta en la longevidad de los ajolotes, una especie nativa mexicana. Resurgiendo de las cenizas (Rising from the Ashes), a su vez, cuenta las décadas vividas de un sastre oriundo del mercado de La Lagunilla, en la capital del país.

Ale Rajal es versátil, ella misma lo reconoce. “Me ha tocado cubrir casi de todo, honestamente”, dice. Y quizás por ello sus características (ser mujer, delgada, pequeña), que antes parecieran una debilidad para su trabajo, se convirtieron en una ventaja, porque le permiten moverse con suavidad, pasar un poco desapercibida ante las personas que atrapa su lente y mostrar que no es un peligro para quienes están vulnerables.

“Para mí, como mujer, (la ventaja) ha sido esa sensibilidad que tengo de poder hablar con las personas y, si siento que algo está mal, preguntar, para que las personas se sientan lo suficientemente cómodas”, reflexiona Alejandra Rajal. Esto le ha servido para acercarse a temas tan sensibles como el feminicidio, las luchas feministas, la separación de madres migrantes de sus crías o los retos de mujeres y sus familias al habitar un nuevo país.

Imágen del proyecto ‘El futuro es verde’, con el cual Ale Rajal participó en la XX Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen en 2023. Foto: Cortesía Centro de la Imagen

Como dice Natalia Campo, “la emergencia de las miradas de las mujeres diversifica las propuestas fotográficas desde otras etnias, clases sociales e identidades sexuales, visibilizando situaciones sobre las que antes no existía un registro documental o una resignificación a nivel artístico”.

Para la artista, la expansión no solo abarca los temas, sino los límites entre la fotografía documental y conceptual. Esta onda la toca y la atraviesa. “Se está reorganizando mucho de quién voy a ser como persona y como artista. Hablando de la fotografía conceptual, es algo que sí he estado pensando en incorporar, o sea, de jugar un poco con los límites […] estoy tratando de encontrar una intersección entre lo documental y lo conceptual”, comenta.

El proyecto Intermitente (diario de la cuarentena), que realizó durante la pandemia de covid-19, es un ejemplo de cómo lo documental, lo conceptual y lo personal convergen. Aquí se incluye una serie de autorretratos y, quizás como manifiestan las fotógrafas feministas Alicia D’Amico e Ilse Fusková en testimonios recuperados en el artículo La fotografía feminista en la creación de otras imágenes de mujeres. Buenos Aires en 1980, “la fotografía constituye un medio que permite el autoconocimiento”, y en el caso del autorretrato, permite redefinir la identidad femenina para crear imágenes “que van más allá de las reguladas por el patriarcado”.

A manera de descripción, Ale Rajal escribió:

La vida me regresó a mi lugar de origen,

a mi viejo cuarto que compartí por tantos años,

a mis recuerdos de niña, al abandono,

a los sueños frustrados,

a la vida intermitente…

Luego, suceden varias imágenes, mezcla de retratos, naturaleza, bodegones, recuerdos, palabras, instantes que cuentan ese presente, el pasado y una idea de futuro.

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