Dios, la noche y el dolor en su cuarto misérrimo. Él lo dijo: “Parirás tus hijos con dolor”, y el apotegma no se detiene, se arrastra por su cauce, infinito, va de mujer a mujer, rueda por el tiempo sin división ninguna…
Ella y la noche, Mimí Díaz Lozano
Hace unos veinte años, Tania Hernández Macías inició su camino en el arte; era una estudiante de Comunicación y le interesaba la fotografía. Después vinieron el matrimonio y las dos crías; aunque no dejó de concebir piezas, sus prioridades cambiaron. Hace poco tiempo, retornó de lleno al seno del arte, a explorar con el bordado, el grabado y otras técnicas los temas que la atraviesan: las maternidades y las violencias contra las mujeres.
Mala madre
En un inicio, Tania generó obras con la luz y las sombras, primero desde la fotografía y luego esculturas efímeras a través de la instalación. Con los años pasó al bordado que aprendió siendo muy joven. “Casualmente, el textil me chocaba, yo decía: ay, no. Pero una se va haciendo señora y ya te gusta la bordada […] bueno, desde niña bordo, pero nunca lo había visto como un oficio, como arte”, cuenta riéndose, cubriéndose un poco la boca con la mano.
Los hilos pasaron de la tela al papel, que resulta un poco más retador, dice la artista, y a veces se entremezclan con técnicas de tipografía y relieve. En 2024, tras renunciar a un trabajo de oficina, Tania gestó un proyecto con sus vivencias y las de otras madres y mujeres a quienes acompañó durante un taller de arteterapia.
“Me vi también reflejada como mamá, o sea, como esta cosa de dejar para después lo que siempre has querido, por temas de crianza. Entonces armé esta exposición que se llama ‘Mala madre’, que justamente habla de las cosas que no se dicen sobre la maternidad […] que es frustrante, que está llena de culpa”, explica Tania.

Para Esther Vivas, autora del libro Mamá desobediente: una mirada feminista a la maternidad, todo lo que gira en torno al embarazo, la infertilidad, el parto, el duelo gestacional, el puerperio y la crianza se invisibiliza; además de ello, queda supeditado a los dictados del patriarcado y del capitalismo.
Vivas resalta, en ese sentido, la prevalencia del mito de la madre perfecta: “devota, casada, monógama, sacrificada por sus criaturas, feliz de hacerlo, quien siempre ha antepuesto los intereses de hijos e hijas a los suyos, porque se supone no tenía propios”. Y es justo este mito el que engendra la culpa y el estigma hacia las mujeres que se alejan de él.
En agosto de 2024, nació la muestra que Tania preparó durante meses: “Mala madre: una mirada a la maternidad disidente a través del arte textil”, conformada por nueve piezas constituidas, a su vez, por 21 elementos. Con ella ganó la convocatoria “Expresiones visuales contemporáneas en espacios culturales independientes”, de la Secretaría de Cultura de Puebla.
Dentro de esa exposición, la pieza “Heridas” aborda las situaciones dolorosas por las que atravesaron tres mujeres que decidieron concebir: las consecuencias de una perforación de vejiga durante la cesárea, el miedo de perder un producto en el mismo mes de gestación en que se perdió otro, y la culpa, la discriminación, por no quedar embarazada.
La antropóloga feminista Marcela Lagarde sostiene, en su libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, que ser “madresposa” es un cautiverio (porque priva de la autonomía vital a las mujeres) construido en torno a dos definiciones esenciales: la procreación y la vida conyugal. Maternar y criar, entonces, pareciera estar en contradicción con el feminismo. Vivas apunta que la maternidad es un tema menospreciado para los movimientos, incluyendo a los feministas, con lo cual “no solo (se) ha silenciado la experiencia materna en lo social, sino también en lo cultural”.
Mala artista
¿Por qué hablar de la maternidad desde el arte? Tania menciona que, a raíz de las pláticas que tuvo con varias mujeres en las sesiones de arteterapia, se dio cuenta de que muchas estaban en situaciones de mucho estrés, miedo y, lo peor, sin espacios de contención empáticos. La creación les ayudó a hacer catarsis.


Sin embargo, la maternidad parece no tener buena acogida en las artes, no solo como temática, sino al momento de la práctica. Mónica Alonso, artista y doctora en Bellas Artes, lo plantea en su artículo “Arte, feminismo y maternidad”: la idea que se ha situado en el gremio artístico, incluidas las mujeres, es que la creación artística es egocéntrica y por eso las madres no podrían hacerlo, a menos que sean malas madres.
La escritora Úrsula K. Le Guin, en su ensayo La hija de la pescadora, refiere: “cualquier intento de combinar trabajo artístico con trabajo doméstico y responsabilidad familiar es imposible, desnaturalizado”, pese a que “es perjudicial no solamente para las mujeres sino para el arte también”.
El hecho de que las artistas tengan que elegir entre su obra y la maternidad remite a un hecho más profundo: la desigualdad en el trabajo de cuidados. Por ejemplo, en México, de acuerdo con la Oxfam, los hombres dedican en promedio cuatro horas diarias menos que las mujeres al trabajo no remunerado de cuidados.
Aun así, Le Guin retoma las palabras de la escritora Alice Ostrike para sembrar la idea de que una obra se puede alimentar de la experiencia materna: “la ventaja de la maternidad para una artista es que la pone en contacto inmediato y sin escapatoria con las raíces de la vida, la muerte, la belleza, el crecimiento, la corrupción…”.
Eso es justo lo que ocurre con el trabajo de Tania cuando aborda la lactancia o aquella incisión quirúrgica que se realiza entre el ano y vulva para facilitar el parto (episiotomía): las piezas hablan de algo íntimo, cotidiano, que se ha callado, pero cuando ve la luz algo más crece.
“Hubo muchas situaciones muy interesantes […] resultó ser una exposición como muy reflexiva, para mi sorpresa no solo para mujeres y para mamás, sino para hombres. Me tocó ver en alguna pieza donde lloraban […] me platicaban la problemática de cómo ven ellos la maternidad, muchas veces que las mamás no los dejan participar dentro de esta crianza”, cuenta Tania.

Aunque la autora no sabe si se considera feminista, sí le interesa hablar de los temas que nos punzan la entraña a las mujeres, como la anticoncepción. Sus bordados en papel de dispositivos intrauterinos, condones y píldoras formaron parte de la exposición “Memoria de mis putas bravas”.
“Una mujer se tiene que hormonar o tienes que tener un dispositivo de cobre o de otro tipo metido en tu cuerpo durante años […] yo no creo que sea normal tener cobre adentro del cuerpo”, dice Tania.
Bien lo dice la escritora feminista Germaine Greer en su libro La mujer completa: “un padre es el proveedor del espermatozoide que fertiliza un óvulo y produce un embarazo que —si todo va bien— culminará en el nacimiento de un ser vivo. Tal vez ni siquiera sepa que lo hizo. Tal vez no le importe si lo hizo o no. La anticoncepción continúa siendo un asunto de mujeres”.
Tania considera que por eso es importante generar estos espacios reflexivos a través del arte.
Hablar de los miedos
Para Tania, una inspiración, una ancestra creadora, es Luz Elvira Torres Álvarez, artista plástica poblana que pinta y borda. “Ella tiene como gran influencia de la pintura, ella es pintora de inicio y después lleva la pintura al textil. Entonces, hace pinturas con textil en gran formato increíbles […] soy su fan número uno, la verdad, quiero ser como ella”, se sincera.
Luz Elvira tiene piezas textiles de paisajes, animales, retratos, corazones que laten como lo haría el de un bebé en una ecografía. Las obras más recientes de Tania están impregnadas de sus miedos, miedos muy comunes para muchas mujeres: desaparecer, morir, ser acosada. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2021, las mexicanas mayores de quince años viven con mayor frecuencia violencia en los espacios comunitarios.
Exorcizar los miedos puede ser un proceso duro, pero también interesante. “La pieza que estoy disfrutando muchísimo ahorita es la que estoy haciendo, se llama ‘Muerta’, es parte de una serie que se llama, bueno, no sé si se va a llamar así, pero es: ‘El lugar de los miedos o el lugar de mis miedos’. Acabo de descubrir que muchos de mis miedos son un lugar común para muchas mujeres […] esto del acoso, el miedo a morirte, a no llegar a tu casa”, dice Tania.

Otras piezas que está trabajando son una lámpara que ilumine unas moscas bordabas sobre un tonel de metal azul, que tiene que ver con el miedo a desaparecer. También hay una donde plasmó las frases que le han dicho a ella o a otras mujeres cuando las acosaron. “De eso se trata esa pieza, de estos piropos que cuando la gente los lee (dice): Ay, no mames, eso no es un piropo. O sea, para una mujer repetir el piropo asqueroso que te dijeron, te queda un trauma”, explica la creadora. Este proyecto, prevé, estará listo para septiembre.
Al final, los dos temas, la maternidad y las violencias, se tocan: las madres que crían son las madres que luchan. De 2010 a la fecha hay 101 mil 738 personas desaparecidas en México, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas de México, y son decenas de madres quienes encabezan los colectivos de búsqueda.
“Me gusta reflexionar sobre estos temas, ver en la marcha (del 8 de marzo) tantas mujeres perdidas, tantas mujeres muertas, desaparecidas. Vivirlo así tan de cerca con las familias, hablar con las mamás, híjole, pues es algo muy rudo […] se tocan fibras muy fuertes”, dice Tania.
Los miedos, los sentimientos, también son terreno fértil, al menos así lo piensa Tania Hernández. “Yo creo que tener el privilegio de crear y de mover fibras a partir de una pieza es una cosa impresionante […] el arte mueve cosas como muy profundas de ti, inconscientes, sin que tengas que explicarlo o ponerle palabras o tratar de entender, o sea, solamente que fluya el sentimiento”, afirma, y una risa nace en sus labios.
Si para la sociedad, para el gremio artístico, las madres no pueden crear de forma plena porque no se entregan a su obra, como dijo Marina Abramovic, famosa por su arte corporal y conceptual, Tania ha sido tan fecunda, como muchas otras, que ha llevado una doble vida: madre y artista. Con esfuerzo y quizás culpa, ha logrado que sus creaciones humanas y artísticas se desarrollen, se expandan y lleguen a donde tengan que llegar.



