Por esta boca se rima y por esta boca se come,
mi boca come rima y ya no hay quien me la controle
Ana Tijoux, “Partir de cero”
Deni Valo fue una niña solitaria. Como a sus tres años sabía leer y escribir, la adelantaron grados académicos. Eso la alejó de sus pares. En su adolescencia, encontró a las amistades con las que empezaría a mezclar el arte (la escritura, el teatro y el performance) con la denuncia social, pero seguía siendo un poco tímida. Fue hasta que conoció el rap, hace doce años, cuando encontró la manera de mostrarse más agresiva, más loca, más bruja, más violenta. Ahora ya no teme a ningún escenario, canta y su voz resuena: Con la pacha como guía te decimos ‘nuestra vida no está en venta’.
La música siempre estuvo allí
Para Deni, la música fue un refugio ante la soledad. En ese momento, ella era muy introvertida, más pequeña que sus compañeras y compañeros de clase. “No interactuaba mucho con personas de mi edad, con los niños, como que no entendía mucho el mundo infantil”, dice. Por eso ella escribía, leía y escuchaba música: ese era su mundo.
Su padre tenía una buena colección de discos, películas y libros, así que ella exploraba con el oído, hoy Violeta Parra, mañana Víctor Jara, otro día Óscar Chávez o Mercedes Sosa. Deni era de las niñas que se levantaba temprano los domingos, pero, en lugar de alguna caricatura o En familia con Chabelo, prefería el video de Silvio Rodríguez dando un concierto en Nicaragua.
Y ahí estaba Deni, sentada, dejando que la melodía invocara el llanto, viendo a Silvio tocar su guitarra y cantar frente a una multitud: Qué fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar, del manifiesto marxista y la historia del hambre… “Era una niña. No entendía qué pasaba en Nicaragua, ni en el mundo […], me parecía increíble lo que hacía, las letras”, recuerda, y su mirada se posa en aquel momento.
En la secundaria, Deni empezó a tomar clases de teatro, que combinaba con la escritura de poesía, de cuentos y oratoria. Descubrió entonces un personaje dentro de sí: alguien a quien le gustaba ser mirada y hablar fuerte. A los catorce años, en la preparatoria, se involucró con algunos movimientos sociales. Ella y sus amigas y amigos hacían performance callejero y tocaban canciones. Deni dejó que la música fluyera por sus dedos, compuso por primera vez y sus amistades hacían los arreglos musicales. Para ella fue una etapa muy divertida e intensa.

“Por ese tiempo me sacan de la preparatoria, sigo en el teatro, sigo escribiendo como una onda más depresiva, hago música, yo seguía componiendo, pero de repente conozco el rap y el rap encajaba con todo: era oratoria y era poesía y era teatro y era activismo, era performance, era todo”, dice.
El rap es ritmo y poesía, golpear de forma rápida, inteligente y ligera, es pronunciar un juramento de forma vigorosa. Forma parte del hip-hop, que incluye música, arte, comunicación y un movimiento cultural y comunitario desarrollado en la década de 1970 por jóvenes afrodescendientes y latinos en Estados Unidos, de acuerdo con Marcyliena H. Morgan, directora del Instituto de Investigación y Archivo de Hiphop, de Harvard. La especialista explica, en su artículo “Hip-Hop & the Global Imprint of a Black Cultural Form”, que el hip-hop no es solo una expresión artística, sino también una identificación social y una movilización política.
Así, Deni pronuncia un juramento, quizás una amenaza, un manifiesto: Esta flor violeta se pone violenta, lengua de poeta, la salvia que se rebela, voy a pasarte la cuenta.
Rap y feminismo, doble trasgresión
Lo que más fascinó a Deni del rap era su origen popular, “música que se hacía desde la calle y para la calle”, dice. La historia del rap se fusiona con la de miles jóvenes afrodescendientes y latinos que en los años setenta vivían en precariedad, sin muchas oportunidades laborales y de ocio, rodeados de un contexto violento y xenófobo. Fue cuando se reunieron en sus bloques o cuadras para hacer fiestas al aire libre, inventaron sus propios pasos de baile (break dance) y pintaron al ritmo de la música (grafiti), mientras un MC (maestro de ceremonias) daba algunos anuncios.
Los propios pioneros del rap, como DJ Hollywood, sostienen que su intención al rimar no era ser musicales, sino fluir con el disco. Así, Deni fluyó con el rap, la denuncia social y la academia. “Por esos tiempos organizábamos eventos político-culturales justo en la universidad. A mí me tocaba la parte cultural […] Ahí empecé a aventarme mis rolitas con mis compañeros”, cuenta. Como los MC de antaño, ella no rapeaba para gustar, sino para decir aquello que le atravesaba el alma y el cuerpo. Le gustaba esa trasgresión, incomodar a las personas al hablar de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa: Si cubrimos nuestros rostros, no queremos que nos lo arranquen los monstruos.
En los años ochenta, el rap trascendió como género, se conformó de una lírica y ritmo más complejos, volviéndose así en una especie de rima poética. Los temas, que inicialmente versaban sobre el amor o el sexo, dieron paso a lo sociopolítico: la brutalidad policial, el racismo, el embarazo adolescente, el clasismo, la criminalidad y la urbanidad. Sin embargo, a partir de finales de los años ochenta e inicios de los noventa, predominó el estilo conocido como rap gangsta, centrado en el estilo de vida de los gánsteres o pandilleros: sus lujos, las peleas entre pandillas y la cosificación de los cuerpos de las mujeres.
Marcyliena H. Morgan apunta que, a pesar de la aparición de mujeres MC, su representación fue limitada y sus voces marginalizadas, al igual que la política de género en las temáticas, debido al sexismo de la cultura del hip-hop. Ishika Sachdeva escribió para la Berkeley Political Review que 97% de los “mejores artistas de todos los tiempos” son hombres que utilizan un lenguaje misógino y ofensivo contra las mujeres.
Como diría Tribade, grupo de rap feminista español: A la mierda, fuera machis del hip hop, sois hegemonía machista, defienden la estructura social capitalista; o Actitud María Marta, raperas argentinas: Atrápalo, escúchalo, una mina solidaria, contra tu blinblineo rima revolucionaria.

Pero el eco del rap llegó prácticamente a todo el planeta, y en muchos sitios continúa la tradición de usar la rima, el ritmo, el flow, para hablar de los contextos sociales. Así es para Deni Valo. “Para mí, la música siempre ha tenido un sentido revolucionario. Sé que no necesariamente toda la gente tiene que hacer música para la liberación del mundo, pero a mí eso fue lo que me impactó: el poder que había en las palabras, en la poesía”, dice con orgullo en la voz y la mirada.
La artista apunta que sus principales influencias en el rap han venido de América Latina, como Makiza, de Chile, y Actitud María Marta, de Argentina. También muchas mujeres con flows y letras poderosas: Keny Arkana, francesa de origen latino e historia marroquí; la franco-chilena Ana Tijoux; la guatemalteca Rebeca Lane y desde luego la mexicana Audry Funk: Tu virilidad no me representa, no necesito un hombre para que me tomen en cuenta, porque mi voz con el viento se conecta, haciendo poesía declaro mi independencia.
“El rap que hacen las mujeres es el que más me gusta. Sí escucho raperos, pero la mayoría de mis playlists están repletas de mujeres de todos los géneros. Por ahí decía una compañera: el rap estaba empezando a perder su carácter transgresor hasta que llegaron las mujeres y lo volvieron a revolucionar, y lo hicieron doblemente transgresor”, apunta Deni. Las estudiosas coinciden con ella.
Adriana Fernández, en su tesis “‘Bitches & Sisters’: Los estereotipos de género en la música rap”, señala que “el hecho de que una mujer participe de un espacio intrínsecamente masculino como es el ámbito musical constituye un acto profundamente transgresor por sí mismo”, y las artistas del rap “abogan por una urgente reapropiación identitaria arremetiendo contra todo discurso masculino que presente un carácter misógino y sexista”.
Así es como Deni Valo fluye, ritma y crea: Fantasmas de la historia, las guardo en mi memoria, escondieron sus nombres, las vistieron de hombres, sus rostros se perdieron, en los libros no existieron y entre sombras a mí me aparecieron: Goldman, Benario, Pizarnik, Violeta, Olimpia, Modotti, María Talavera, Cariño Barret y también Petra Herrera.
Cantar y crear desde la esperanza
Para Deni, la música, el rap, fluyó lejos de la industria, se mezcló con las marchas feministas, los eventos políticos y los festivales culturales. Aunque ha abierto conciertos para artistas que admira, como La Mala Rodríguez, Yoss Bones, Pedro Moss, Las Krudas Cubensi y Lengualerta, pocas de sus canciones están grabadas y en plataformas.
“Los trabajadores de la música de repente negábamos mucho esa industria, porque es una industria la música. Y entonces yo, por mucho tiempo, te estoy hablando de once años, no grababa […] consideraba que eso era algo negativo”, narra con arrepentimiento colándosele en la voz. La rapera dice que desde 2024 ingresó a Spotify y sus canciones tienen más de 16 mil reproducciones. Además, su huella rítmica quedó registrada en espacios como Acústicos en el vagón, un proyecto del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, el programa Sónico de TV BUAP y Semilla Hip Hop.
Además de liberar sus canciones en plataformas, para que la gente escuche y le dé retroalimentación, Deni ahora está creando en colectivo con el grupo de raperas Divas del Gueto y otras colaboraciones. “Es increíble colaborar con ellas, porque aprendo mucho, aprendo sobre su mirada, sobre su vida, sobre sus procesos”, dice Deni. A ella le encanta que el rap hable de otros contextos, realidades, que haya voces y contenidos diversos. Se juntaron estas brujas, se cumplió la profecía con copal, incienso y rima, vamos tumbando la vida, dicen las divas en su primer track.

El camino que sigue para Deni es explorar sus propios límites, experimentar con otros ritmos, transformar su narrativa. “Me parece que ahora me estoy mirando con más sinceridad, menos esa onda dogmática, sino con más libertad […] también me gusta que la gente disfrute o goce con la música”, cuenta, y reconoce que hay temas que para ella son muy personales, que hablar de ellos la hace sentir vulnerable.
Deni Valo seguirá resonando al ritmo de la revolución social. Aunque no se siente muy optimista, considera que otra forma de vivir sí es posible desde la esperanza. Agresiva ante la injusticia, no me mantengo pasiva, como las gorilas, voy a defender la vida, ella canta y confirma: “pienso que ahora, por eso, el tener esperanza, el principio esperanza es muy revolucionario. Entonces, yo me niego a la tragedia”.
En su artículo “Los discursos de las mujeres raperas en México: un instrumento de intervención ante los mandatos de género”, Nelly Lara expone otras palabras al sentimiento de Deni: “el rap, como un canal que politiza el actuar de los sujetos, está impulsando el conocimiento del feminismo en una población que difícilmente se acercaría a esta propuesta teórica a través de otras vías, pero no solo eso, las raperas siguen manteniendo una postura crítica que impulsa y promueve al hip hop como una cultura que llama a sumar desde las diferencias”.
Al final, para Deni la revolución suena y fluye como el agua: desde el subsuelo, articulándose desde la diferencia, tejiendo la esperanza colectiva, de forma invisible para bailar el mundo que nos merecemos.



