Del mapa al sonido: cómo un compositor convirtió el plano fundacional de Puebla en una obra musical

El compositor poblano Daniel Jiménez García creó ‘Civitas’, una pieza inspirada en el primer mapa de la ciudad. A través de una partitura gráfica, calles, edificios, frases en latín y referencias al pasado musical de Puebla se transforman en indicaciones para músicos y bailarines dentro de una obra que forma parte de una investigación más amplia sobre la memoria de los lugares

Cuando Daniel Jiménez García recibió el encargo de crear una pieza conmemorativa por el 495 aniversario de la fundación de Puebla, decidió no escribir una obra “sobre” la ciudad. En cambio, tomó el primer plano conocido de Puebla y comenzó a preguntarse cómo podría convertirlo en música.

El resultado fue Civitas, una composición de aproximadamente seis minutos que inicia con campanas, desarrolla un paisaje sonoro de resonancias y atmósferas y, poco a poco, incorpora un piano en un recorrido que dialoga con distintos momentos de la historia musical de la ciudad. Pero, antes de existir como sonido, la obra nació como un dibujo.

A primera vista, la partitura de Civitas parece más cercana a un mapa intervenido que a una notación musical convencional. Dos grandes círculos, líneas, figuras geométricas, anotaciones y claves musicales ocupan la página. Sin embargo, cada uno de esos elementos forma parte de un sistema de lectura diseñado por el compositor.

Partitura gráfica de ‘Civitas’, de Daniel Jiménez. Foto: Cortesía BUAP

La ciudad convertida en partitura

La pieza fue un encargo realizado por el Honorable Congreso del Estado de Puebla dentro de las actividades por el aniversario de la fundación de la ciudad. Para desarrollarla, Jiménez recurrió al plano fundacional de Puebla y comenzó a traducir sus elementos al lenguaje musical.

“Empiezo a dar densidad por medio de los trazos”, explica Daniel Jiménez en entrevista con LUMBRERAS. Las calles representan trazos melódicos; los cuadros o la Catedral representan densidad orquestal, o sea, que haya mucha más instrumentación”.

Pero el mapa no fue el único punto de partida. El compositor también incorporó el nombre “Puebla”, una frase en latín alusiva a la antigua Puebla de los Ángeles y referencias al repertorio barroco de la ciudad mediante distintos procedimientos de transformación musical.

“También la palabra Puebla y la frase que está en latín trato de llevarlas a otro tipo de discurso”, continúa el compositor. “Hago transmutaciones, algunos acordes, algo muy sencillo. No es una armonía tan compleja. Traté de buscar toda esa complejidad de las matemáticas, si queremos llamarlo así, con herramientas musicales que fueran más asequibles al público en general”.

La partitura, además, no está pensada únicamente para los músicos. Uno de los círculos organiza el material sonoro, mientras que el otro contiene indicaciones destinadas a la bailarina que participó en el performance original.

“Un círculo es todo lo referente a la música, haciendo esta similitud del famosísimo círculo de quintas, y el otro es un círculo con respecto a la bailarina”, dice. “Hay un momento en que se juntan y está una frase en latín que evoca a Puebla de los Ángeles”.

Aunque la obra parte de un proceso de composición complejo, Jiménez tomó una decisión deliberada: escribir una pieza más accesible de lo que acostumbra.

Daniel Jiménez interpreta ‘Civitas’ al piano. Foto: Cortesía BUAP

Durante la entrevista, explica que buena parte de su producción suele explorar lenguajes mucho más radicales de la música contemporánea. Sin embargo, al tratarse de una obra dirigida a un público amplio, optó por construir una experiencia sonora más transparente sin abandonar las reglas que habían dado origen a la composición.

¿Cómo se lee una partitura que parece un dibujo?

¿Y cómo lee esto un músico? La respuesta comienza con una tradición que tiene varias décadas dentro de la música contemporánea: la partitura gráfica.

A diferencia de la notación tradicional —basada en pentagramas, figuras rítmicas y alturas perfectamente definidas— las partituras gráficas utilizan líneas, manchas, símbolos, figuras geométricas y otros recursos visuales para sugerir acciones, intensidades, recorridos o relaciones sonoras.

Daniel Jiménez comenzó a explorar ese lenguaje de manera más sistemática en 2020, durante sus estudios con el compositor José Luis Hurtado Ruelas, quien lo introdujo en distintas formas de creación gráfica.

“Conectamos no solamente una idea de partituras, sino una idea de partitura gráfica”, explica el compositor. “¿Y cómo es eso? Pues prácticamente generar trazos, gestos, intención, fuerza, densidad orquestal y todo lo que quieras, combinado con el trazo que tenemos. Entonces, hoy en día el compositor contemporáneo, gran parte de nosotros, no nada más componemos con negras, blancas y corcheas, sino que tenemos otro tipo de discurso, otro tipo de estética”.

Sin embargo, la libertad que ofrecen estas partituras no significa ausencia de reglas.

Cuando se le pregunta cómo podría interpretar Civitas un músico que nunca hubiera hablado con él, Jiménez explica que el intérprete podría recorrer las distintas zonas del gráfico siguiendo las claves musicales, repetir notas, invertir direcciones de lectura o construir melodías a partir de las formas representadas, siempre dentro del universo planteado por la obra. No existe un único camino correcto para ejecutarla, sino un conjunto de posibilidades delimitadas por el propio compositor.

Daniel Jiménez en un recital. Foto: Cortesía Congreso del Estado de Puebla

Por ejemplo, la cruz que presenta partituras tradicionales en claves de Do, Sol y Fa puede interpretarse como melodías con ritmos al gusto del músico, combinadas con los acordes que están presentes en las partes externas de los círculos (Ab9, F7, etcétera).

La imagen, además, permite comenzar desde distintas zonas del círculo, avanzar de izquierda a derecha o en sentido contrario, detenerse en determinadas notas o convertir ciertos gestos visuales en movimientos melódicos. Los acordes distribuidos alrededor de la composición funcionan como otro nivel de orientación para el intérprete.

Jiménez resume esa relación entre libertad y estructura con una metáfora:

“Estamos hablando de una partitura que es como si fuera un ecosistema”, dice. “O sea, tú prácticamente pones las reglas del juego, pero trabajas dentro de una entropía, que a final de cuentas es el caos, pero un caos que está controlado por el compositor. Entonces, este tipo de partituras son tan abiertas que no existe un principio ni un final definidos, sino que simplemente tocas hasta que tú lo sientas”.

Bajo esa lógica, ninguna interpretación de Civitas tendría por qué ser idéntica a otra.

La memoria convertida en música

Aunque Civitas fue creada para conmemorar el 495 aniversario de la fundación de Puebla, la pieza no surgió de manera aislada. Forma parte de una investigación artística que Jiménez ha desarrollado durante los últimos años y que busca traducir la memoria de distintos lugares en obras musicales.

El punto de partida fue el Archivo General de la Nación, ubicado en el antiguo Palacio de Lecumberri. Invitado por la institución, el compositor recorrió el edificio, registró su acústica y grabó algunos de sus ecos para construir una obra orquestal basada tanto en la historia como en la resonancia del espacio.

Poco después, Jiménez realizó una videodanza en el Muro de Berlín, donde volvió a registrar sonidos, resonancias e impactos físicos sobre distintos materiales para transformarlos en elementos musicales mediante programas de procesamiento de audio. La investigación continuó con intervenciones en Les Frigos, un antiguo complejo industrial convertido en galerías de arte en París, y en MaHalla, una antigua bodega de la Unión Soviética que hoy funciona como centro cultural en Berlín.

Para Jiménez, todas estas obras responden a una misma pregunta: cómo puede una composición dialogar con la memoria de un lugar sin limitarse a ilustrarla.

El compositor Daniel Jiménez. Foto: Josué Cantorán

“Cada pieza que tú haces, o cada pieza que uno termina al momento de escribir, es como un manifiesto”, dice Daniel al recordar sus charlas con su maestro, José Luis Hurtado Ruelas. “Entonces, esta idea es como un manifiesto propio de cómo veo la música, cómo abordo la contemporaneidad, cómo abordo la idea de arquitectura, música y memoria”.

En ese sentido, Civitas representa un nuevo capítulo dentro de esa investigación. En lugar de trabajar con los ecos de un edificio o la carga simbólica de un muro, el compositor tomó como punto de partida la traza urbana de Puebla y la convirtió en un sistema abierto de relaciones musicales.

Sin embargo, el proyecto no concluye ahí.

Jiménez explica que actualmente trabaja en una segunda pieza inspirada en los 70 años de autonomía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, concebida como una continuación de Civitas. Ambas obras serán presentadas conjuntamente durante un concierto previsto para noviembre y, posteriormente, la primera será publicada en plataformas digitales.

Aunque aún no sabe si esta investigación terminará convirtiéndose en un disco, un libro o un proyecto de mayor alcance, reconoce que todas estas obras forman parte de una misma búsqueda creativa que todavía considera en construcción.

Redescubrir Puebla desde la música

La investigación para desarrollar Civitas también llevó al compositor a revisar distintos momentos de la historia cultural de la ciudad.

Uno de ellos corresponde al periodo de los maestros de capilla, cuando Puebla se consolidó como uno de los principales centros musicales de la Nueva España. Después apareció el Barroco, cuya presencia arquitectónica y artística sigue definiendo buena parte de la identidad de la ciudad. Finalmente, Jiménez encuentra un tercer momento en el estridentismo, movimiento de vanguardia que tuvo una presencia decisiva en Puebla durante las primeras décadas del siglo XX y cuya apuesta por el ruido, la velocidad y la modernidad encuentra resonancias con buena parte de la creación musical contemporánea.

‘Civitas’ forma parte de un proyecto de memoria y música. Foto: Cortesía BUAP

“Pude ver que Puebla es una meca súper importante de las artes, que fue en su momento una potencia”, reflexiona el músico. “Después del siglo XVI y durante el XVII era una potencia con los maestros de capilla. (…) El segundo momento es la parte del barroco en Puebla, que es fascinante. Puebla es una ciudad completamente barroca”.

Para el compositor, revisar esos episodios históricos modificó incluso su propia relación con la ciudad.

Aprendí, en pocas palabras y de manera muy romántica, a amar más mi ciudad”, dice, “y a descubrir que Puebla no solamente es una meca gastronómica, sino que también es musical y artística”.

Una grabación de la pieza musical Civitas será liberada en agosto en las plataformas digitales de Daniel Jiménez.

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