Entre ruinas, sombras y cuerpos hiperrealistas, la muestra de Santiago Carbonell en Puebla

La exposición “Selección personal y cubil de quimeras”, del artista plástico Santiago Carbonell, reúne paisajes oníricos, retratos hiperrealistas y escenas suspendidas entre la pintura clásica y la teatralidad contemporánea

En una de las primeras salas de la exposición de Santiago Carbonell en el Museo Internacional del Barroco aparece un barco apenas visible entre la niebla. No domina el cuadro; casi se esconde. Hay que acercarse. Mirar despacio. Volver a mirar. Poco a poco, entre capas ocres y sombras espesas, emerge la silueta de la embarcación suspendida en una atmósfera que parece polvo, humo o memoria.

Obra de Santiago Carbonell en el Museo Barroco. Foto: Josué Cantorán

La pieza resume buena parte de la experiencia de recorrer “Selección personal y cubil de quimeras”, muestra inaugurada por la Secretaría de Arte y Cultura de Puebla a finales de marzo pasado y compuesta por 74 piezas del artista hispano-mexicano, cuya obra permanecerá hasta el 19 de julio en el recinto.

Antes de llegar al hiperrealismo que suele asociarse con Carbonell, la exposición abre con una serie de cuadros liminales: paisajes nebulosos, arquitecturas suspendidas, ruinas, puentes monumentales y escenas donde las formas aparecen apenas insinuadas. No son abstracciones puras, aunque a primera vista puedan parecerlo. Son imágenes que obligan al espectador a permanecer frente al lienzo hasta que los detalles empiezan a revelarse.

En esas obras domina una paleta ámbar y sepia que recuerda fotografías envejecidas o muros erosionados por el tiempo. Un puente gigantesco se arquea sobre un territorio deshabitado; en otra pieza, una estructura semejante a una ciudad o fortaleza emerge entre brumas; en otra más, un paisaje se despliega como si fuera contemplado desde un risco remoto.

Ahí la luz es protagonista absoluta. Carbonell modela atmósferas y no solo representa objetos. Las sombras diluyen las formas y las vuelven ambiguas. El artista dijo, en entrevista con el portal Andrés Estévez Magazine, que se alejó del hiperrealismo estricto porque este “es demasiado frío para mi gusto” y que prefiere “el realismo de tipo lírico, poético”. Esa declaración ayuda a entender por qué estas primeras piezas funcionan más como evocaciones que como demostraciones técnicas.

Piezas de la sección inicial de la exposición “Cubil de quimeras”. Fotos: Josué Cantorán

Santiago Carbonell y la teatralidad del hiperrealismo

La transición hacia la segunda sección de la exposición es inmediata. Los paisajes brumosos dejan paso a figuras humanas, cuerpos, textiles, rostros y escenas cuidadosamente iluminadas. Aquí aparece el Carbonell más reconocible: el pintor obsesionado con la piel, los pliegues de la tela y las transparencias de la luz.

Entre todas las piezas figurativas destaca particularmente una escena de músicos de mariachi reunidos en un patio. Alguno afina su instrumento; otros conversan o esperan. La composición parece detenida en el instante previo a que la música comience. Los trajes negros reflejan pequeñas variaciones de luz y textura mientras el espacio arquitectónico del fondo crea una sensación casi cinematográfica.

El cuadro funciona como uno de los mejores ejemplos del dominio técnico del artista, pero también de su capacidad de convertir escenas aparentemente cotidianas en imágenes suspendidas, teatrales, casi irreales.

Escena de mariachi de Santiago Carbonell. Foto: Josué Cantorán

Esa misma cualidad atraviesa otras piezas de la muestra. Un grupo de niñas vestidas con sombreros claros aparece alineado frente a un fondo oscuro, como si posaran para una fotografía antigua o una representación coral. En otra obra, varios hombres con turbantes descienden unas escaleras bañadas por una luz diagonal que proyecta sombras monumentales sobre el muro. También aparecen cuerpos desnudos, paisajes tropicales, interiores silenciosos y personajes dormidos o abstraídos.

Cuadros de Santiago Carbonell. Fotos: Josué Cantorán

Los motivos vinculados con Medio Oriente y el sur de Asia son recurrentes: turbantes, arquitecturas cálidas, textiles tradicionales y figuras masculinas retratadas con solemnidad. El propio Carbonell ha explicado que buena parte de su pintura surge de la experiencia del viaje. “He viajado mucho, siempre tengo una maleta lista para recorrer y vivir. Quien quiere narrar algo en su vida debe estar lleno de experiencias y eso es esta exposición”, afirmó en declaraciones retomadas por el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León.

Retrato de Santiago Carbonell. Foto: Josué Cantorán

Cuadros dentro del cuadro

Otro de los hilos constantes de la exposición es la metapintura: cuadros dentro del cuadro, artistas pintando, personajes observando esculturas clásicas o escenas donde la propia historia del arte se convierte en tema.

En una de las obras más llamativas, una mujer observa una composición integrada por una escultura clásica y la figura de un caballo. En otra pieza aparece un artista dentro de su taller, quizás un alter ego del propio Carbonell, rodeado de referencias religiosas y figuras clásicas. Más que simples autorretratos, las obras parecen reflexiones sobre el acto de pintar.

La metapintura es un concepto recurrente en la obra de Carbonell. Fotos: Josué Cantorán

Ese diálogo con la tradición clásica atraviesa toda la muestra: esculturas grecorromanas, composiciones de resonancia renacentista, arcos monumentales y referencias religiosas aparecen constantemente, aunque reinterpretadas desde una estética contemporánea.

“Es una invitación a volver al seno materno. Con respecto a la pintura, volver a la cueva, la catedral gótica, los talleres del renacimiento, la academia francesa. Es dar saltos a los hitos del arte. Sí me considero purista desde el sentido que mis pinturas no tienen artificio, solo necesito colores y un soporte. No parece, pero es muy simple mi pintura”, ha explicado el artista sobre su trabajo, de acuerdo con Conarte.

Aunque la exposición contiene numerosas piezas de virtuosismo técnico evidente, lo más interesante ocurre cuando las obras dejan de leerse únicamente como demostraciones de hiperrealismo y empiezan a revelar sus zonas ambiguas: las atmósferas nebulosas, las escenas suspendidas, los símbolos clásicos, las referencias teatrales y los paisajes que parecen existir entre el sueño y la memoria.

“Quien quiere narrar algo en su vida debe estar lleno de experiencias y eso es esta exposición”, ha dicho Carbonell.

Paisaje de Santiago Carbonell. Foto: Josué Cantorán

Quizá por eso muchas de las piezas funcionan menos como escenas cerradas que como fragmentos de una narración mayor: ruinas, viajeros, cuerpos, músicos, niñas, esculturas, barcos y paisajes que parecen emerger lentamente mientras el espectador permanece frente a ellos.

Porque si algo exige esta muestra es tiempo. Mirar despacio. Volver a mirar. Y descubrir que, efectivamente, mientras más se observan las pinturas de Santiago Carbonell, más detalles aparecen.

Cuadros de Santiago Carbonell. Fotos: Josué Cantorán

La exposición “Selección personal y cubil de quimeras”, del artista plástico Santiago Carbonell, permanecerá en el Museo Internacional del Barroco (bulevar Atlixcáyotl 2501, Reserva Territorial Atlixcáyotl, San Andrés Cholula, Puebla) hasta el 19 de julio de 2026.

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