El poemario un silencio tan blanco surgió de una noche de insomnio. Valeria Guzmán no podía conciliar el sueño y decidió que escribiría un libro. Esa idea fue llevada a cabo durante la pandemia de covid-19, pues, frente a la incertidumbre, la poeta encontró el ambiente necesario para abordar la escritura del libro.
“Voy a escribir un libro que empiece con recuerdos muy concretos de la infancia, de mi infancia en Rusia”, explica la escritora en entrevista con LUMBRERAS, “y que se vaya diluyendo como la nieve, hasta que al final llegue a algo que yo llamo ‘el hueso del lenguaje’”.
En un silencio tan blanco, la también lingüista, nacida en Rusia, ahonda en torno a la memoria y reflexiona sobre cómo el lenguaje moldea el pensamiento, tema que movía sus intereses desde que estudiaba la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP.
“Yo estaba muy obsesionada desde que era estudiante con la teoría de lenguaje y el pensamiento, y con el asunto de los nombres de la nieve”, dice Valeria Guzmán, en referencia al hallazgo del antropólogo Franz Boas, quien descubrió que las lenguas esquimales poseen diversos sustantivos para nombrar el concepto de nieve.
En el libro, ganador del “Premio de Literatura, Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco” en 2024, la poeta experimenta con el aspecto formal y lleva al lector por un camino no solo de memoria y de recuerdos, sino por una apuesta del lenguaje y una propuesta poética.

“Cuando estuvimos confinados en los meses más duros de la pandemia y no podíamos asomar ni la nariz a la calle, yo sentí que era el momento propicio para la escritura de este libro”, recuerda la escritora en entrevista. “Detrás, se urdía una metáfora: pensar en la nieve como un espacio de recogimiento y de contemplación de los seres humanos frente a una naturaleza que se duerme; vislumbrar un paisaje que es pura ausencia. Además, la nieve me remitía inevitablemente al confinamiento. Las temperaturas extremas son lo más radical a lo que pueden estar expuestos los seres humanos en la naturaleza. Y sentía esta metáfora en los huesos durante el encierro, nuestra fragilidad, al borde de la muerte siempre, al borde de la indefensión”.
La también traductora y lexicógrafa se tomó dos años para escribir el poemario y dos más para corregirlo.
En el poemario, ahora editado por el Museo de Ciencias Ambientales de Guadalajara y la Editorial Universidad de Guadalajara, no hay mayúsculas ni signos de puntuación, pues en esa omisión hay una intención minimalista donde se crea un texto limpio, lo más blanco posible.
Valeria Guzmán, ¿poeta poblana?
Durante la entrevista, Valeria Guzmán comentó que su origen suele prestarse a confusiones. De madre nicaragüense y padre ecuatoriano, ella nació en Krasnodar, Rusia. Después, se trasladó a México para estudiar la licenciatura en Lingüística y Literatura, en Puebla. En algunas ocasiones es nombrada como “poeta poblana”, algo que para ella no es un error, pues se formó académicamente en esta ciudad.
Justamente, fue en los talleres de la extinta Casa del Escritor donde decidió que quería escribir poesía de manera más formal.

“Tomé mi primer taller de poesía en la Casa del Escritor en Puebla, en 2007”, relata Valeria, con una sonrisa. “Ese taller fue importante porque me abrió algunas puertas. El director, Roberto Martínez Garcilazo, nos invitó a mí y a otras autoras y autores poblanos a leer poemas a Bellas Artes; entonces, yo me fui como poeta poblana”.
Valeria escribía desde que tenía quince años, pero en Puebla decidió dedicarse de lleno a las letras y encontró su vocación como lingüista.
“Estoy al servicio de la lengua”
Una vez que conoció la lingüística, Valeria Guzmán se decidió a hacer también carrera en ella, y más tarde se decidiría por la lexicografía. Después de la BUAP, hizo un posgrado en la UNAM y luego un máster en lexicografía en la Real Academia Española y en la Universidad de León.
“Una de las obsesiones más grandes de mi vida es la lengua”, declara. Dicha obsesión también queda plasmada en su más reciente poemario.
Su quehacer artístico incluye su amor a la lengua, y en su poesía hay un constante cuestionamiento sobre el lenguaje y una reflexión sobre sus formas. Así, su poesía está marcada por sus obsesiones como lingüista.
El premio
La autora comentó que no tenía muchas esperanzas de ganar el Premio José Emilio Pacheco. Sin embargo, al enterarse que obtuvo el galardón, vivió un momento muy feliz que solo comprendió al recibirlo físicamente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y reconocer la magnitud que representa este premio, otorgado en conjunto por el Museo de Ciencias Ambientales de Guadalajara, la Universidad de Guadalajara y la misma Feria del Libro.

“Es un libro que venía de un periplo muy grande, ya casi no tenía esperanzas, porque lo había enviado a otros concursos y había perdido”, dice al respecto. “Entendía que era muy complicado que mi libro ganara, porque el contexto no le daba. O sea, un libro sobre la nieve, aquí en América, dónde iba a tener cabida, me preguntaba”.
De hecho, la autora se preparaba para archivar su poemario.
“Este libro lo escribí aún a riesgo de que se quedara archivado”, añade. “Esa era mi verdad, eso me pedía mi interior en ese momento, y lo hice hasta las últimas consecuencias. Y ya, que pasara lo que tuviera que pasar. Siempre creo que cada libro, cada proceso creativo, tiene y se abre sus propios caminos. Y ahora mismo, estoy en otro impulso completamente distinto”.
Valeria añade que su trabajo poético tiene que ver con la contundencia, con quitar y ser precisa: la superficie en blanco y la impronta. Ahora mismo trabaja en un proyecto de aforismos.
“La poesía, desde que empecé a escribirla, ha sido profundidad y síntesis para mí”, dice.
Mujeres al oído
Además de su reciente libro, Valeria Guzmán también gestiona un espacio para difundir el trabajo de las escritoras ecuatorianas, al que ha llamado “Mujeres al oído”, otro proyecto que nació durante la pandemia de covid-19.
“Creo que los artistas fuimos una parte clave de la supervivencia en esos momentos de tanta incertidumbre”, declara, reflexiva en la entrevista sobre el papel de contención y expresión que tuvo el arte en los momentos de ansiedad en la pandemia.

“Mujeres al oído” ha devenido en una serie de grabaciones en audio con poemas y cuentos escritos por mujeres ecuatorianas, así como en una antología que puede adquirirse en formato digital.
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“Hablamos con algunos amigos sobre qué podíamos hacer para acompañar a la gente y al mismo tiempo difundir la literatura de Ecuador, particularmente escrita por mujeres. Tomamos la decisión de hacer este proyecto de ‘Mujeres al oído’, que inicialmente era un repositorio de audios de escritoras ecuatorianas contemporáneas y se ha ido transformando en otro conjunto de iniciativas de difusión, incluida la publicación de libros. Ya tenemos ahorita 47 audios en el repositorio, que no es poca cosa, puesto que son autoras vivas que están escribiendo en este momento en Ecuador”.



