Buscarán, de nuevo, regular a los foros culturales independientes

El regidor morenista Leobardo Rodríguez Juárez, presidente de la Comisión de Arte y Cultura del cabildo poblano, buscará regular la actividad comercial de los foros culturales independientes del municipio de Puebla, a través de la inclusión de esta nueva figura en el catálogo de giros comerciales que contempla el Código Reglamentario Municipal (Coremun).

Así lo informó la mañana de este miércoles frente a unos cuarenta gestores culturales y artistas de varias disciplinas que se reunieron en el edificio de posgrados de la UPAEP para el segundo encuentro “Construyendo propuestas de desarrollo para el arte y la cultura”, organizado por el Consejo de Participación Ciudadana de Cultura.

“De dos propuestas que ya retomamos en la Comisión de Arte y Cultura y que ya estamos enfocando para que se resuelvan muy pronto en materia normativa”, les explicó el regidor, “una tiene que ver con la formalización de la actividad comercial de los centros culturales independientes, de los centros que brindan este servicio, y que por diversas circunstancias no ha quedado retratada correctamente”.

Con esto, al menos en la teoría, los pequeños foros culturales que brindan cartelera cultural pero que no reciben grandes ingresos económicos se verían beneficiados, pues ya no tendrían que registrarse ante la autoridad municipal como parte de otros giros, como bares, restaurantes o centros de espectáculos, con la alta responsabilidad tributaria que esto implica.

“Ya lo subimos a la Comisión de Arte y Cultura en su pasada sesión ordinaria”, añadió el regidor morenista. “Vamos a organizar mesas de trabajo para buscar los caminos, y antes de que finalice el año pueda estar incorporado en el Coremun y pueda incorporarse a la ley de ingresos, para que a partir del 1 de enero los centros culturales puedan tener los beneficios de la formalidad, sobre todo tributaria, pero también con las obligaciones que esto significa”.

Leobardo Juárez adelantó que buscará subir el tema al pleno del cabildo en la próxima sesión ordinaria, que se llevará a cabo a finales de agosto, por lo que confió en que esta reglamentación pueda aprobarse muy pronto y cobrar vigencia apenas iniciado 2023.

La historia

Tradicionalmente, los pequeños foros culturales de Puebla —aunque también de otras ciudades mexicanas— han tenido que registrarse ante la normatividad municipal como restaurantes, cafeterías o bares para poder vender productos alimenticios o bebidas en su interior, o bien han tenido que permanecer en la informalidad.

Ambos casos han provocado una situación de desventaja, primero porque un centro cultural no genera necesariamente el ingreso económico suficiente para solventar el nivel de impuestos y pagos de derechos que estas categorías comerciales exigen, lo que en muchas ocasiones ha propiciado la extinción de los pequeños foros. Y al vivir en la informalidad, por otro lado, algunos foros han enfrentado hostigamiento de las autoridades, sobre todo cuando brindan espacio a manifestaciones contraculturales y juveniles, socialmente estigmatizadas.

A finales de 2020, la Ciudad de México se convirtió en pionera en reconocer a los pequeños foros independientes como una categoría comercial específica, con la promulgación de la Ley de Espacios Culturales Independientes.

Animados por este avance legislativo, los integrantes del Consejo de Participación Ciudadana de Cultura comenzaron a trabajar en un proyecto de reglamentación municipal que permitiera replicar la ley capitalina y brindara alguna certeza jurídica a los espacios culturales de esta ciudad.

“Al principio se empezó trabajando con las necesidades de los espacios”, cuenta la presidenta de este consejo ciudadano, Dassein Flores, en entrevista con LUMBRERAS. “Hicimos varias reuniones con diferentes espacios y fuimos recopilando sus necesidades”.

Interiores de la Correduría Rosete. Foto: Josué Cantorán

La también artista escénica cuenta que el consejo ciudadano —una figura integrada por actores culturales que no gozan de sueldo y sirven como vínculo entre la sociedad civil y la autoridad municipal— registró la existencia de al menos 47 espacios culturales independientes, el mayor de ellos de 170 localidades, y algunos más de tan solo diez, la mayoría de los cuales no estaban registrados ante el ayuntamiento bajo figura alguna.

“A partir de esta forma de trabajo”, continúa la artista escénica, “logramos concretar algunos puntos que se le sugirieron al ayuntamiento. Se sugirió un marco legal administrativo que beneficiara a los espacios culturales independientes, y lo que nos sugirieron ellos y nos pareció coherente es que fueran giros comerciales”.

Esto significa que el Código Reglamentario Municipal, el documento que rige toda la normatividad y reglamentación del municipio, incluiría en su capítulo 15 la figura de “espacio cultural independiente” a su catálogo de giros comerciales, un listado de casi doscientas categorías que definen la naturaleza comercial de un establecimiento.

“El giro comercial nos pareció interesante”, explica Dassein Flores, “porque nos permitieron sugerir qué cosas podrían beneficiar a los espacios. Lo que nosotros pedimos es que no se les exigieran cajones de estacionamiento, ver si podrían no tener el pago de uso de suelo, que pudieran vender dentro los suvenirs de los artistas sin que les cobraran de más, y también comida, porque muchos de ellos venden palomitas y refrescos”.

Después de casi dos años de trabajo, a finales de septiembre de 2021 parecía que la petición del consejo ciudadano al fin rendiría frutos: en la última sesión de cabildo de la administración municipal anterior, encabezada por la morenista Claudia Rivera Vivanco, los regidores aprobaron una reforma en el Coremun sobre esa materia.

Interiores de la librería y foro cultural Zoumaya. Foto: Josué Cantorán

Incluso, en su boletín informativo del 22 de septiembre, el ayuntamiento aseguró que el cabildo “también dictaminó integrar a los espacios culturales independientes al catálogo de giros comerciales que contempla el Código Reglamentario para el Municipio de Puebla”, que “ello permitirá que cuenten con un marco legal y administrativo para que puedan desarrollar sus actividades artísticas bajo una denominación específica y con garantías jurídicas”, e incluso que “Puebla se convierte en la segunda ciudad a nivel nacional, sólo después de Morelia, en comenzar con gestiones de formalización para este sector”.

La entonces regidora Isabel Cortés, impulsora de la iniciativa, dijo incluso durante la sesión de cabildo en la que esta fue aprobada —y que puedes ver aquí a partir del minuto 1:15— que esta reforma implicaría “la integración de los espacios culturales independientes al catálogo de giros comerciales” y seria “uno de los primeros pasos para un marco legal y administrativo que incentive la creación de espacios donde se desarrolle el arte y la cultura”.

Eso, sin embargo, no fue así, no estrictamente así.

Al revisar la reforma al Coremun tal como se publicó en el Periódico Oficial del Estado, se encontró que sólo se modificó la tabla 6 del artículo 960, lo que no incluye realmente el concepto de “espacio cultural independiente” al catálogo de giros comerciales, sino que solo modificó un artículo específico que habla sobre cajones de estacionamiento.

“Finalmente”, dice Dassein en entrevista, “aunque se aprobó, en el Diario Oficial solamente salió como la aprobación de que permitieran a los espacios no tener cajones”.

El hoy regidor Leobardo Rodríguez Juárez, quien fungió como tesorero municipal durante la administración de Claudia Rivera, reconoce también dicha inconsistencia.

“Esto se discutió en el cabildo pasado”, les dijo ayer a los gestores culturales en el encuentro al interior de la UPAEP. “Estamos tratando de rastrear qué paso, porque incluso las notas de medios, en el encabezado del punto de acuerdo que se votó, parecía que lo que se estaba haciendo era justamente esto, y terminó siendo una reglamentación de estacionamiento que tal vez está generando este problema de los veinte cajones, y lejos de ser una solución, terminó siendo un problema que queremos corregir”.

Interiores y escenario del foro teatral Puro Drama. Foto: Josué Cantorán

Dassein Flores asegura que la propuesta de reglamentación que el regidor Leobardo Rodríguez propondrá en el cabildo es justamente aquella que contiene las peticiones del consejo ciudadano, y reconoce que quizá será perfectible, cuando en la realidad los gestores de los espacios y la autoridad de normatividad la pongan en práctica, pero advierte que puede ser el primer paso en el reconocimiento jurídico de los pequeños foros.

“No nos queremos saltar la ley”, dice en entrevista con esta revista digital, “sino que sea a la medida de los espacios, que no nos pongan en espectáculos porque no percibimos como los que generan espectáculos grandes”.

Qué opinan los gestores

Entre los gestores culturales que tienen a su cargo un espacio independiente, al menos los consultados por LUMBRERAS, no hay consenso absoluto sobre esta propuesta. Mientras algunos la ven con buenos ojos, o la llaman “histórica”, otros prefieren esperar a su implementación para juzgarla, y unos más la miran con suspicacia, como “una trampa”.

“Sí puede ayudar por la cuestión de los gastos”, opina Daniel Garrido, de NEXUS, uno de los foros más emblemáticos de la vida contracultural del centro histórico. “Se puede hacer una reducción de gastos en el hecho de una licencia de funcionamiento, que en ocasiones, para restaurante-bar, como me la plantearon a mí en Normatividad, cuesta unos 60 mil pesos. Si se genera un giro comercial para espacios culturales que tenga un menor costo, sí ayudaría bastante”.

Para Daniel, que ofrece en NEXUS una cartelera de música subterránea y arte experimental, garantizar de certidumbre jurídica a un espacio independiente como el suyo podría ser de beneficio no solo para el espacio mismo sino también para la sociedad, pues a esta le permitiría tener mayor acceso a una oferta contracultural que no está disponible en espacios más grandes o institucionales.

Exteriores del Centro de Bienestar Social de Xonaca. Foto: Josué Cantorán

Por otro lado, para el artista visual Antonio Bonilla, que gestiona el espacio Casa 16, la idea del catálogo de giros comerciales debería ser apenas un punto de partida, pues la necesidad más grande del gremio plástico es la formación de un público que guste de adquirir obra, lo que permitiría sustentar económicamente a los creadores. Sin embargo, considera regular la actividad de los espacios culturales podría incluso incentivar la apertura de nuevos sitios que mengüen la proliferación de franquicias comerciales y tiendas de artículos de exportación.

“Para mí este tema sería histórico”, dice Antonio en breve entrevista, “pues abriría las puertas y daría una facilidad muy grande como centro cultural (…) Lastimeramente, el centro histórico es un centro comercial: son edificios históricos con venta de artículos chinos, franquicias. Lo que se busca es defender la identidad, el alma de Puebla, los productores de arte, cultura, de cualquier ámbito comercial. Eso se ha perdido. Si en un espacio, en lugar de abrir una franquicia, se pudiera abrir un centro cultural, porque es mi preocupación y entiendo la importancia de esto como identidad, y que se pudieran dar ciertas facilidades, eso realmente sería revolucionario, y al hacer una red de centros culturales, nos permitiría no depender del gobierno, despegarse de ellos para poder trabajar y generar nuevos proyectos y estrategias para lograr que esta ciudad sea una donde se consuma arte”.

Finalmente, para la gestora cultural Cristian Mercedes Pérez, de la Correduría Rosete, la propuesta podría implicar una rendición de los esfuerzos independientes por generar arte y cultura ante la burocracia, lo que no necesariamente ayudaría a los espacios alternativos a sobrevivir.

“Yo creo que debemos analizar desde la propuesta de cabildo”, opina en entrevista con este medio, “si es una cuestión para entrar al aro de declararse, con ciertas cuotas. Debemos ver cómo se van a manejar, si hay ingresos que se tendrán que declarar ante el ayuntamiento. Yo veo que, como toda propuesta de ley, más que ayudar, es para entrar a la formalidad, con el tinte de legalidad. Hay que ver si no es contraproducente en la actividad independiente y underground que venimos haciendo. A lo mejor se va a hacer más engorroso porque nos van a pedir cierta documentación más específica a la que nos pedirían si fuéramos un comercio común. Yo lo veo más como una trampa”.

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